Por una intervención educativa inclusiva, de calidad y democrática frente al acoso escolar

El Colectivo DIME+ defiende una concepción de la educación basada en el respeto, la cooperación y la construcción compartida de espacios educativos. Desde esta perspectiva, consideramos que la prevención y resolución del acoso escolar no pueden reducirse en exclusiva a la aplicación de protocolos sancionadores o a la gestión administrativa de los conflictos, sino que deben enmarcarse en una intervención educativa profunda, sostenida y transformadora. El acoso escolar es un fenómeno complejo, que no puede entenderse sin analizar los contextos de aula, las dinámicas de grupo, los modelos de relación y los discursos que circulan dentro y fuera de los centros educativos. Por ello, apostamos por un enfoque social, donde el alumnado no sea un sujeto pasivo que “recibe” normas de convivencia, sino un agente activo en la construcción de una comunidad educativa democrática. Es por ello que mostramos nuestro total apoyo a la huelga estudiantil convocada para el próximo 28 de octubre en toda Andalucía. Consideramos que la comunidad educativa debe estar atenta a la proliferación de discursos populistas que pretenden vender recetas fáciles con perspectiva punitivista basada en el control y la jerarquía social y que tan solo pretenden ocultar en su trasfondo una agenda que quiere atacar derechos y garantías adquiridos. No debemos olvidar que el acoso escolar es principalmente producto del aprendizaje en contextos que así lo han propiciado. Cuando se habla de “víctimas” o de “acosadores”, nos estamos refiriendo siempre a conductas, no a personas. Ni víctimas ni agresores nacen siéndolo.

Una intervención con todas y para todas

Prevenir y afrontar el acoso escolar requiere la implicación de toda la comunidad educativa:

  • El profesorado, como mediador pedagógico y referente ético, necesita formación continua en convivencia, educación emocional, resolución de conflictos y coeducación. Se necesitan planes y programas de formación específicos para abordar estas situaciones, centrados en los modelos que mejores resultados han demostrado a nivel internacional (Kivi, enfoques dialógicos de prevención y resolución de conflictos, alumnado mentor/ayudante… entre otros).
  • El alumnado debe participar en la elaboración de las normas de convivencia, en la identificación de situaciones de exclusión y en la búsqueda de soluciones colectivas, mediante asambleas de centro y de aula, con acuerdos y medidas concretas centradas en los temas y situaciones que consideren relevantes.
  • Las familias deben ser escuchadas y acompañadas desde la corresponsabilidad, evitando su estigmatización y promoviendo espacios de diálogo, de manera que trabajen colaborativamente, de manera democrática y consensuada, con el alumnado y el profesorado, partiendo de los problemas reales del aula y del centro.
  • Los equipos directivos y de orientación deben garantizar estructuras estables de participación, coordinación y acompañamiento, no solo actuaciones reactivas ante los casos.
  • El entorno social —servicios municipales, entidades sociales y sanitarias— debe integrarse en una red de apoyo y prevención comunitaria.

Para ello es imprescindible que se desarrollen contextos educativos con carga de trabajo asumible que permita dedicar tiempo y espacio a aspectos verdaderamente importantes como los cuidados en la institución escolar.

Una perspectiva democrática

Entendemos la convivencia escolar como una práctica de democracia cotidiana. Educar frente al acoso implica educar para la justicia social, el reconocimiento de la diferencia y la empatía. Supone trabajar con el alumnado las raíces de la violencia —la desigualdad, el sexismo, el racismo, la LGTBIfobia o el capacitismo— desde una pedagogía crítica que favorezca la reflexión y la acción colectiva. La perspectiva democrática debe reflejarse especialmente en el establecimiento de normas compartidas y actuaciones que toda la comunidad pueda realizar en caso de conflicto.

Propuestas para los centros educativos

  1. Planes de convivencia activos, elaborados de forma participativa, revisados anualmente e integrados en el Proyecto Educativo del Centro, basados en el papel crucial de los espectadores pasivos, la tolerancia cero hacia cualquier conducta contraria a la convivencia y el consenso de normas y actuaciones concretas asumidas por toda la comunidad.
  2. Espacios estables de diálogo, mediación, asambleas de aula y alumnado ayudante/mentor/tutor, gestionados por todo el alumnado, dando formación específica al profesorado.
  3. Tutorías con contenido específico, centradas en la educación emocional, el amor, los sentimientos, el buen trato, la cooperación y la reflexión ética. Revalorización del trabajo del tutor o tutora, con espacios y tiempos reales para la atención individualizada al alumnado y su familia. En todas las tutorías de todo el curso deben realizarse al menos unos minutos de asamblea sobre los posibles conflictos y temas relativos a la convivencia que afecten directamente a la vida del alumnado. Entre otros aspectos deben recuperarse las horas de tutoría en etapas donde se han ido perdiendo (Educación Primaria o Bachillerato, p.e.).
  4. Programas de aprendizaje-servicio, que promuevan la solidaridad y la responsabilidad social.
  5. Formación docente permanente en modelos que estén mostrando buenos resultados en convivencia (KiVa, enfoques dialógicos de prevención y resolución de conflictos, alumnado ayudante/mentor/tutor, etc.), metodologías cooperativas y cultura democrática.
  6. Protocolos inclusivos, que garanticen la atención educativa de todas las personas implicadas, incluyendo víctimas, agresores y testigos, partiendo de la tolerancia cero hacia cualquier conducta contraria a la convivencia y el rechazo expreso del alumnado espectador y del conjunto de la comunidad.
  7. Énfasis en mostrar modelos positivos, entre el propio alumnado. Hay que cambiar el foco, pasando del énfasis en el alumnado que genera conflictos al alumnado que ayuda, apoya, es respetado y respeta a los demás y contribuye al buen ambiente del aula y del centro. El máximo de tiempo ha de dedicarse a la promoción de modelos de buen trato.
  8. Evaluación participativa de la convivencia, incorporando la voz del alumnado y de las familias. Potenciando el funcionamiento y la participación de las comisiones de convivencia de los consejos escolares.
  9. Espacios de coordinación específicos en horario de permanencia en centro, con las reducciones horarias necesarias para hacerlos efectivos.
  10. Coordinación interinstitucional y trabajo en red como compromiso colectivo: tejer redes sólidas entre centros educativos, familias e instituciones. Solo a través de la coordinación y la creación de protocolos compartidos es posible actuar de forma responsable, coherente y eficaz.

Desde el Colectivo DIME+ afirmamos que la mejor prevención del acoso escolar es una escuela que enseña a convivir horizontalmente, desde la justicia, la palabra y la empatía. Rechazamos los enfoques punitivos o meramente burocráticos, y reivindicamos la escuela como un espacio de transformación personal y social donde cada niño, niña y joven pueda aprender a ser con los demás.

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