El sábado 29 de noviembre de 2025 disfrutamos del II Encuentro del Colectivo DIME+ en la Universitat Jaume I de Castelló, que comenzó a las 10 y se extendió hasta la noche de las confidencias y el humor mezclado con la melancolía, porque trabajar por la inclusión trae muchas historias.
La organización estuvo pensada de principio a fin para hacer posible diálogos basados en experiencias, comenzando por la mesa con familias de infancia, adolescencia y juventud funcionalmente diversa; siguiendo por las sesiones del Edcamp en pequeños grupos sobre más de una decena de propuestas; y concluyendo con el Puzzle Aronson, una técnica de aprendizaje cooperativo, acerca de la colaboración entre las escuelas y las universidades para seguir construyendo la educación inclusiva.




Tras la presentación, mano a mano entre Nuria López Roca, por parte del Colectivo DIME+, y María Lozano, del grupo de investigación MEICRI, tuvimos ocasión de escuchar las vivencias de las familias, y de las propias personas nombradas por la discapacidad, a su paso por el sistema educativo. No hay duda de que cualquier persona o colectivo que trabaje por la inclusión real debe escuchar y asumir las historias vividas en primera persona por estas familias luchadoras que han puesto la educación de sus hijos e hijas en el centro de sus prioridades. No solo para tener conciencia de la importancia su papel como docentes o trabajadoras sociales para contribuir a que la inclusión sea real, sino para combatir discursos apartistas, conformistas y autoexculpatorios, y para mostrar, también, a estas familias que dan la batalla en los centros, que no son culpables, que sus decisiones siempre tienen motivos de peso, y que su derecho, el de sus hijas e hijos, es estar en la escuela de todas y todos.
El formato EdCamp propició muchos y variados encuentros y debates, conocer una variedad de experiencias inclusivas o problematizaciones de otras, desde distintos puntos de vista (docente, directivo, social, afectivo, familiar…). La posibilidad de discutir sobre cada una, de esa manera cercana que se facilita en los grupos pequeños, tiene muchos aspectos positivos y esperamos que favorezca la trasposición de experiencias y la reflexión profunda sobre la propia práctica.
Además, todos los espacios de relajo dieron pie a nuevas conversaciones y a crear una memoria colectiva.
Por su parte, el Puzzle de Aronson es un viejo conocido, y no defraudó. A partir de esta dinámica cooperativa surgieron debates muy enriquecedores que dieron lugar a reflexiones compartidas muy interesantes. Esperamos poder compartirlas pronto en algún formato sugerente.
Durante la noche fría y despabiladora de Castellò en un invierno anticipado, tuvimos la suerte de compartir vivencias sobre los esfuerzos que hacemos desde la educación pública para incluir a todo el alumnado de diversas culturas y lenguas, sobre todo a quienes entran en el juego con las cartas marcadas por la exclusión múltiple o interseccional: alumnado racializado, mujeres, pobreza y precariedad, salud mental vulnerable.
Ninguna de ellas acaba en un idilio, a diferencia del concepto de éxito en la cultura meritocrática, blanca y excluyente, fabricante de fracasos anónimos como telón de fondo de la selección de los más fuertes y dotados para el poder, el dinero y el control. Sin embargo, nada de lo que hayamos hecho debería perderse “como lágrimas en la lluvia”.
Nos dimos cuenta de las condiciones de extrema dificultad que impone la sociedad capitalista y capacitista a todo el alumnado, pero especialmente al más vulnerable por la minusvaloración de sus diferencias, cuando se confunde la escuela con una lonja de tasación de méritos, en razón (o sin razón) de una escala estereotipada. Muy de otro modo, la escuela puede ser una red para transvalorar los capitales y reconocer el valor de uso y de cambio de las culturas, las lenguas y las instituciones de los pueblos que conviven en nuestro país desde hace centenares de años.
Hablamos del reciente estreno del documental La Gran Redada de Pilar Távora, donde se conjugan las voces de personas referentes del pueblo gitano para educar a toda la sociedad. Nos habita la tendencia a tratar a la infancia racializada como a casos aislados y sin remedio, ante un tribunal que decide sobre sus culpas, por no aprovechar las oportunidades que les ofrecemos desde la mejor de las voluntades blancas. La educación antirracista se hace cada vez más necesaria. Y también una mirada que por encima de esa barrera pueda dar la misma importancia a otras diversidades que quedan apantalladas, difuminadas por nuestra mirada sesgada. Dejamos de atender los fuegos que están encendidos en cualquier persona: capacidades diversas, oportunidades de aprendizaje que surgen de la memoria compartida por personas migrantes y gitanas, con lenguas distintas, con vidas escolares distintas, con historias humanas distintas…
¿Se puede aprender de la experiencia para mejorar nuestras capacidades y las de las personas beneficiarias, o es inevitable reconocer un finisterre, un no va más, el límite de cualquier esfuerzo…? Incluso aunque evitemos culpabilizar a la adolescencia racializada, por ser objeto de repeticiones y suspensos mucho mayores que la media, ¿qué hacemos? ¿Cómo cambiamos de pantalla?
Lograr la inclusión de las personas nombradas por la discapacidad solamente será posible si se asume su carácter interseccional: la exclusión por motivos o excusas de capacidad, género, lengua, cultura y fisonomía racializadas, diversidad sexual, neurodivergencia, salud mental.
Este es el objetivo del Colectivo DIME+, y nos vamos de este II Encuentro con la cabeza llena de ideas y la certeza de que no estamos solas en nuestra lucha por la inclusión de todos y todas, en la escuela, y también en la vida.