Hace unos días, colgamos un gran papel continuo en la clase de 5º de Primaria. Sobre la mesa, un fragmento del libro Historias de ratones de Arnold Lobel, concretamente El pozo de los deseos, y un puñado de rotuladores. No había una ficha de comprensión lectora esperando ser rellenada, ni un examen inminente, ni una rúbrica con casillas que tachar. Solo un espacio en blanco y la promesa de que lo que allí escribiéramos importaba. Hoy, ese mural sigue a medio hacer, y esa es, precisamente, su mayor virtud.
La historia que lo desencadena
Para entender lo que ocurrió, primero hay que leer el texto que compartimos con ellos:
«Unha ratiña atopouse un día cun pozo dos desexos.
—Agora, todos os meus desexos poderán cumprirse! —exclamou. Tirou unha moeda dentro do pozo e pediu un desexo.
—Ai! —gritou o pozo.
Ao día seguinte, a ratiña volveu e tirou outra moeda. —Ai! —gritou de novo o pozo.
Ao día seguinte, a ratiña dixo: —Quero que este pozo non diga nunca máis ai. —Ai, como doe! —gritou o pozo.
—Que podería facer? Así os meus desexos nunca se cumprirán —lamentouse a ratiña. Correu á súa casa, colleu unha almofada e tirouna ao pozo. Despois, tirou unha moeda e pediu un desexo.
—Ah, isto está moito mellor! —dixo o pozo. E desde aquel día, a ratiña pediu moitos desexos e todos cumpríronse.»
Aparentemente, es un cuento sencillo. Sin embargo, cuando Lipman nos advierte en sus textos que los niños son «filósofos naturales», lo hace porque una historia como esta, en manos de mentes que aún no han sido domesticadas por la lógica adulta, se convierte en un auténtico detonante ontológico y ético.

El estallido de las preguntas: más allá de lo literal
Si nos asomamos a la esquina superior izquierda del mural, vemos una lluvia de interrogantes que desbordan la historia. Estas no son preguntas de libro de texto. Como apunta Lluís Mora, no buscan una respuesta escondida en las páginas, sino que nacen de la perplejidad real y disparan el pensamiento crítico y creativo.
Los niños y niñas se preguntan: «¿Por qué el pozo no da deseos cuando se lastima?», «¿Es justa la solución de la rata?», «¿Qué significa cumplir un deseo?». Pero hay una pregunta que destaca por su audacia lógica: «¿Hay alguien en el pozo?».
En este punto, el grupo está haciendo metafísica y lógica pura. No están hablando de piedras o de agua, están explorando los límites del lenguaje y de la categorización. Como Lipman trabajó incansablemente en el manual Poner en orden nuestros pensamientos para acompañar a la novela Elfie, los niños necesitan distinguir entre lo que es una cosa, un concepto y una alguiennegación. Preguntarse si existe «alguén no pozo» es el primer paso para comprender la lógica de las clases, la pertenencia y la exclusión. Están intentando definir qué hace que un pozo sea un pozo, y si al quitarle esa esencia, deja de existir.
Otra pregunta que sobrecoge es: «¿Por qué no sintió dolor con la almohada?». Al plantearla, los niños están intuyendo la diferencia entre la realidad física y la ilusión. La almohada no elimina el dolor, solo lo silencia. Y aquí es donde entran en juego las tres dimensiones del pensamiento que Lipman desarrolló en El lugar del pensamiento en la educación: el pensamiento crítico (buscar la causa real del dolor y no la aparente), el pensamiento creativo (imaginar soluciones alternativas) y el pensamiento cuidadoso (la empatía hacia un pozo que grita de dolor al ser golpeado por las monedas). Los niños sienten cuidado por el pozo; les duele que lo lastimen y se preguntan si el bienestar de la rata justifica el sufrimiento del pozo: «¿Todos los deseos deberían cumplirse???».
El rigor de lo inacabado: el dilema ético
Lo más valioso de esta experiencia es que la actividad no está cerrada. En la parte inferior del mural, se ha empezado a escribir un mapa lógico. Bajo los títulos «Postura A (Solución ética)» y «Postura B (Solución ilusoria)», han trazado dos columnas: «A favor» y «En contra».
Han escrito que la almohada «reduce el dolor», pero que quizás «el pozo sigue sintiendo dolor por la moneda». Han empezado a debatir si tapar un problema (la almohada) soluciona realmente la causa o si es simplemente una ilusión. Este es el corazón de la comunidad de investigación que proponía Lipman. No se trata de un debate donde gana el que más grita, sino de una indagación colectiva donde se buscan buenas razones. Lipman insistía en que el objetivo del diálogo filosófico no es encontrar una verdad definitiva, sino mejorar el juicio de los niños y desarrollar su razonabilidad. Los niños están aprendiendo a sopesar argumentos, a tolerar la ambigüedad y a rectificar sus propias posturas.
Como explico en mi reflexión sobre el currículo LOMLOE, muchas veces las «situaciones de aprendizaje» se quedan en mera cosmética porque el docente busca la respuesta correcta. Aquí, el mural demuestra que los niños son perfectamente capaces de sostener el peso de la incertidumbre. El error, la duda y el argumento a medias no son fallos que penalizar, sino brechas fértiles por donde entra la indagación. El pensamiento no es un producto terminado, sino un proceso vivo que sigue creciendo. Como decía Lipman, las democracias necesitan ciudadanos que piensen, y la mejor manera de garantizar que los haya es que no haya escasez de niños y niñas que piensen.
El silencio que abre el diálogo
Para que este tipo de experiencias ocurran, el primer cambio tiene que darse en nosotros, los docentes. Cuando un alumno escribe «Hai alguén no pozo?», la respuesta pedagógicamente valiosa no es una explicación gramatical sobre los sustantivos. Es devolver la pregunta al grupo con delicadeza, sostener el silencio incómodo y permitir que sean ellos quienes luchen por encontrarle sentido.
Como señala Roger Fusté en su blog Ensenyar filosofia, en la sección de «eines per l’aula», herramientas como la Chalk Talk (la conversación silenciosa sobre el papel) son fundamentales porque desplazan el eje de gravedad del aula. Al eliminar la voz del profesor, se elimina la jerarquía implícita del que habla más rápido y se da tiempo a cada cual para seguir su pensamiento sin interrupciones. El mural de 5º de Primaria es, en sí mismo, una de esas herramientas: una manera de hacer visible el pensamiento del grupo, someterlo al escrutinio de los demás y construir, entre todos, un mapa de significado. En palabras del propio Lipman, se trata de convertir el aula en una comunidad donde los estudiantes construyan el conocimiento juntos.
Conclusión: un mapa abierto
El mural de 5º de Primaria seguirá creciendo en las próximas sesiones. Faltan argumentos, faltan matices y, seguramente, faltan nuevas preguntas. Pero el hecho de haber empezado a construir el mapa ya es un acto de resistencia pedagógica. Hemos pasado de ser inspectores de saberes prefabricados a co-investigadores.
El currículo, ese monstruo burocrático que a veces nos agobia, se convierte aquí en un simple punto de partida. La competencia lingüística se trabaja al formular preguntas complejas; la competencia cívica, al escuchar y respetar el turno del otro; y la competencia socioafectiva, al ponerse en el lugar de un pozo que siente dolor.
Para ti, que también estás en el aula: ¿Qué espacio dejas en tu programación para lo imprevisto? ¿Te atreves a colgar un papel en blanco y dejar que sean las preguntas de tus alumnos las que marquen el rumbo del día?
Bibliografía y referencias
- Fusté, R. (2022-2024). Ensenyar filosofia [Blog]. Categoría «Eines per l’aula». https://ensenyarfilosofia.com/category/eines-per-laula/
- Lipman, M. (2016). El lugar del pensamiento en la educación. Ediciones Octaedro. (Textos fundamentales sobre la comunidad de investigación, el pensamiento multidimensional y la relevancia de la filosofía en la escuela primaria).
- Lipman, M. (2001). Poner en orden nuestros pensamientos. Manual del profesor para acompañar a Elfie. Ediciones de la Torre. (Guía esencial para entender cómo los niños exploran conceptos lógicos y éticos a través del diálogo).
- Lipman, M. (2026). Une vie à enseigner la pensée. Presses de l’Université Laval. (Autobiografía que revela la génesis y la pasión detrás de su proyecto educativo).
- Lobel, A. (s.f.). El pozo de los deseos, en Historias de ratones. (Texto utilizado como detonante de la actividad)
- Lluís, https://x.com/lluismora/status/2116198777212313712?a=uopoZ-8iVhZox3KqiNY&s=20